Esta semana...

21:52

Tengo mucho que decir de esta semana (Bueno, la semana pasada)

La primera es que una vez más he confirmado que soy terriblemente FO-BI-CA a las agujas. Estuve en emergencias dos veces esta semana y en las dos veces terminé con una intravenosa clavada en la mano (Que duele como la miércoles y te deja media inmovilizada de la mitad del cuerpo y casi convulsionando de la otra mitad –Aunque tal vez esa haya sido yo en medio de mi fobia y pánico contenido-)

La segunda cosa es que descubrí (Digo descubrí, porque lo presencie por primera vez) lo que significa tener un bajón emocional. Soy una persona sanamente hiperactiva y que casi siempre está contenta o con la energía suficiente para hacer cualquier cosa, pero el hecho de estar enferma (Nada loco, solo una gripe que se conectó con un par de pavadas más y me dejó con un dolor muscular de cine y literalmente hecha polvo), pasar por emergencias, ser inyectada por todos lados con medicinas, calmantes y de regalito un par de muestras de sangre, acabó conmigo. Mis poros despedían olor a medicamento, quería dormir más de lo que necesitaba respirar y mi cuerpo dolía como si yo fuera el mismísimo Mufasa siendo absorbido por la estampida de quien sabe qué clase de caballos, bueyes o whatever. 



El punto es que mi estado anímico probablemente rebalsaba los límites de la salud y se asemejaba más al estado emo mejor conocido como “Caminemos por ahí sin rumbo y enamorémonos de un puente” (Si sabes a lo que me refiero) solo que sin poder salir a la calle y evidentemente sin puentes. Así que eso, me deprimí por primera vez en la vida y viví para contarlo (Nunca volveré ahí, lo juro)

Y la tercera, pero no menos importante de la lista (Más bien, la más importante, creo yo), aprendí a valorar la salud, que hasta ahora me tenía totalmente sin cuidado (Al parecer me tenía a mí misma en una clase de cuadro de honor de ser “Casi Inmortal e inmune” a todo / ES-TUUUUU-PI-DA) y ahora me cuido más (Tampoco pidan una nueva yo. Ser irresponsable conmigo misma es parte de mi esencia, si lo cambiara ya no sería yo). No, pero en serio, estar enfermo es terrible, no planeo que pase de nuevo en muuucho, muuuuucho tiempo.

Algo precioso que rescato es que en momentos donde tus defensas están por el suelo y te cuesta distinguir hasta el frio del calor, aparecen personas que están dispuestas a estar ahí y velar por ti en mil millones de maneras posibles. Digo, mi familia y mis amigos son geniales y no podría estar más agradecida con Dios de haberme puesto a cada uno de ellos en mi vida. Me regaló unas cuantas bendiciones para que vayan a mi lado en el camino. Cuando me siento mal tiendo a ser sensible y necesitada de afecto (Desde siempre), supongo que es una reacción del pensar que no puedo manejarme a mí misma, así que necesito tener la seguridad de que tengo gente que me quiere y que puede encargarse de mi “Yo roto” y arreglarlo o al menos cuidarlo hasta saber que yo misma pueda encargarme de él otra vez. Esa siempre ha sido la sensación que tengo cuando estoy enferma, le entrego mi yo a los demás y los dejo cuidarlo hasta sentirme lista para volver a manejarlo de nuevo, es mi acto personal de confianza. Me gusta saber que tengo personas con las que puedo sentirme segura. Me gusta saber que las personas encuentran en mí a ese alguien con quien sentirse seguras. Es parte de mí, supongo. Soy un ser naturalmente protector.  

Día 1
Día 2


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