Inolvidable
17:04
Cuando
se logra comprender lo que el amor significa, la vida cambia, da un giro
tremendo dentro de lo que uno imagina, siente y vive. Cuando se conoce al
verdadero amor no hay más ojitos lindos, ni sonrisas perfectas, abrazos tibios
o palabras tiernas.
El
amor te cambia, te hace caminar por la vida con propósitos distintos, logra
hacerte mirar por ese alguien que te roba sonrisas, que con el correr de los
días hace que el corazón te lata un poquito más fuerte. Te enseña a sufrir,
llorar, disfrutar y reír como si fueras tu quien estuviera viviendo por ambos.
Al fin y al cabo de eso se trata; amar es compartirlo y darlo todo, sentirlo y
hacerlo tuyo, como si se tratara de uno mismo.
El
amor no conoce de muerte, no registra al olvido, el amor vive y te es fiel en
cualquier circunstancia; en la felicidad, en las adversidades del tiempo, hasta
en lo que no somos capaces de controlar, él permanece y te empuja con fuerza
para que sigas caminando, para que no caigas en medio del camino, porque solo
el verdadero amor te impulsa a vivir y te libra del miedo, es el tesoro de toda
alma rota y el fiel compañero de aquellos luchadores que deciden vivir por
algo, por alguien.
Yo
vivo por él y por mí misma; prometí que jamás lo dejaría solo, que lo cuidaría
hasta el momento de su último respiro. A veces me cuesta creer que él ya no
viva por alguien, que de repente ya no viva ni siquiera por él mismo.
El
viejo ya no se acuerda de nada, es como un niño que aprende poco a poco, para
después olvidarlo de nuevo. Ya no recuerda de su infancia, ni de su familia, ha
borrado de su mente toda nuestra vida, nuestras promesas.
El
viejo ve a sus hijos y les teme, nunca se fió de los extraños; ve a sus nietas
cada día y aun pregunta por sus nombres, sus edades y las cuida como si se
tratara de dos pequeñas perdidas, que buscan a sus padres entre lagrimas de
llanto.
El
viejo ya no es el que era antes, pero hay algo que está intacto, y es que él me
ama y yo a él también lo amo.
Sus
recuerdos disminuyen y su mente desvaría, pero él me quiere y lo demuestra cada
día, con una sonrisa, una mirada, con su mano sobre la mía mientras descansa. A
veces olvida mi nombre y me mira desconfiado, pero en él permanecen los
recuerdos de un amor que pudo todo, que luchó por sus sueños, que rompió
barreras y que a pesar de todo obstáculo llego a ser feliz.
Me miré al espejo y sequé una
lágrima que a causa del recuerdo cayó por mi mejilla, presioné mis manos con
fuerza y le di gracias a Dios por dejarlo estar un día más conmigo. Teníamos
que disfrutar todos los días como si cada uno de ellos pudiera ser el último.
Acomodé el collar de perlas sobre mi cuello y me dispuse a saludar al amor de
mi vida que me esperaba sentado en el mismo viejo sillón de siempre, con una
sonrisa y una flor en la mano, arrancada previamente del pasto cual niño
orgulloso de sentirse enamorado.
— ¡Ahí viene mi amor! ¡Ya
llega mi reina! — Exclamó con alegría en cuanto aparecí bajo el marco de
aquella puerta.
Ese
hombre fue todo lo que necesité en la vida para ser feliz, no hubiera elegido
vivirla de una manera distinta, no creo haber podido sentir algo mejor que
estando a su lado. ¿Y saben algo? Si él me recuerda en las mañanas, pero en las
noches me olvida, aun tengo la certeza de que al siguiente amanecer podrá
enamorarse nuevamente de mí y yo de él, igual o aun mejor que el primer día.

1 comentarios
Estoy lloraando! me recordo a mis abuelos <3
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