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Hay gente que a veces me preguntan por qué me preocupo tanto por las personas, por qué estoy tan al pendiente de la vida de los que amo, que pareciera que busco solucionarles las cosas o hacerles la vida más fácil cuando no es mi carga, cuando no debería ser mi problema.
Hubo un tiempo en el que me pregunté lo mismo solo por el hecho de que tantos me cuestionaban que terminé pensando que la equivocada era yo, que de verdad era anormal el sentimiento de necesitar ver felices y satisfechas a las personas que quiero. Creo que fue el peor tiempo de mi vida, porque intenté desinteresarme tanto por ellos, intente volverme tan distante y despreocupada como todos los demás se veían.
“Me siento tan mal por ella, pero no puedo hacer nada... La vida es muy difícil para todos.” 
Se supone que tenía que ser fácil, normal, pero fue todo lo contrario.

Y aprendí cosas.

Aprendí que la vida me había convertido en el tipo de persona que me hubiera gustado tener cuando la necesitaba. La que te llama en el momento justo, la que se preocupa, la que está ahí incluso antes de que la busques, porque sabe que por más que lo niegues, es lo que deseas. La que escucha incluso las peores cosas y no huye, la que se queda cuando el peso es tan grande que parece insostenible y que te regala un puñadito de esperanza para creer que todo se supera, por más espantosa que tu vida se vea en ese momento.
La vida me reconstruyó, me moldeó en base a mis propias carencias y me soltó al mundo para llenarle ese vacío que ahoga a todo aquel que amo. Y a los que no, también, porque me veo a mi misma en ellos, veo a la persona rota que pensó que no tenía arreglo, veo a la persona rota que hasta el día de hoy todavía no ha logrado juntar todas sus piezas, pero que lo intenta con todas sus fuerzas. Me veo a mí estando furiosa con Dios, con el mundo, veo a la niña que creció en una familia herida y que perdió mucho incluso antes de entender la magnitud de las cosas.
Me veo a mí, los veo a ellos y me imagino un camino paralelo al que recorrí, con las mismas piedras, los mismos tropiezos y golpes, pero con alguien que escoge ir contigo y mostrarte que que si te caes en la tierra, de ahí no pasas y que si te levantas puedes llegar tan alto como quieras, porque el cielo es infinito.
No me creas tan superada, soy todo lo contrario. Yo estoy en el suelo, pero la vida me hizo caer tantas veces que levantarse ya resulta un poquito más fácil. Y sé que todos pueden aprender por su cuenta, sé que estando solo también te levantas, también superas, pero la herida duele más y las cicatrices serán más profundas. 

Así que mientras esté a mi alcance quiero iluminar el momento oscuro de los que me necesitan, quiero caerme y llorar con ellos, quiero escuchar las historias, agarrarles la mano y apretárselas fuerte, quiero sujetarles el brazo y hacerles el camino un poquito más fácil de sobrellevar. Por ellos y por mí. 

Porque si ellos pueden, entonces yo también puedo.

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