¿Would you know my name if I saw you in heaven?
12:42
En
mi universo solo existíamos tu y yo, dos espíritus magnetizados, dos mitades
que unidas formaban un todo. Conformábamos el mundo y solo nos necesitábamos el
uno al otro para sentirnos plenos.
Éramos
dos espíritus luchando por mantenerse juntos y cuando la vida nos llamó,
tomamos lo que pudimos. Nacer de la misma carne y enfrentarnos a la aventura
que el destino había elegido para nosotros, pero no sé si fui yo la que se
adelantó o tú quien te retrasaste. Llegué primero y me tocó esperarte.
Me
adentré a la vida incompleta. Cerraba los ojos para verte y así, poquito a
poco, entre vacilaciones ir creando tu rostro. Te quería varón porque así te
imaginaba e insistía a mi madre sin parar que ya quería tenerte. Aun no estabas
en la panza, pero ¿Cómo explicarles que ya te estaba esperando?
Y
cuando supe que llegabas, ¡Que alegría! Te tendría para siempre y te mostraría
todo lo que la vida hasta entonces se había encargado de enseñarme. Te iba a
cuidar, iba a dártelo todo y más, porque te lo merecías.
Mis
recuerdos de esa época son escasos, dicen que la mente bloquea los malos
momentos y que con el tiempo estos dejan de habitar en tu cabeza. Se convierten
en pequeños flashes de luz que se extinguen con el tiempo.
Recuerdo
estar caminando de la mano con mamá y contigo ya en la panza, los sonidos de tu
corazón en el estetoscopio. Me encantaba escuchar tus latidos, porque eran una
prueba concreta de que aunque no pudiera verte ya estabas conmigo. El olorcito
suave de bebe que inundaba cada rincón de la casa. El azul, el blanco y el
celeste, pero nada de ti.
Mi
intención no era olvidarte, pero los años juegan malas pasadas y hoy en día
solo quedan las vagas descripciones que he recopilado de otros con el tiempo:
Tus mejillas rosadas, la pelusita rubia que tenías por cabello, esos ojitos
claros de recién nacido. El ángel que bajó por
un tiempo prolongado, que llegó para cambiarnos a todos y que al cumplir
su cometido recogió los “te quiero”, las caricias, los recuerdos y partió.
A
mama no le gusta escuchar el llanto de los niños, dice que debiste llorar y no
lo hiciste. Al mismo tiempo el silencio le aterra, porque la transporta al día
donde te quedaste dormido y nunca más te despertaste. A mí el llanto de los
niños me recuerda tu presencia, inspira vida, me tranquiliza. El silencio sirve
para pensarte, recopilar los recuerdos y retocarlos, para prometer que no voy a
perderlos y asegurarme de que no voy a perderte.
Para
mamá sigue siendo difícil, te ama, pero teme nombrarte, porque tiene miedo de
volver atrás y sentir el dolor que la terapia y las pastillas han dejado
dormido. Para todos eres el que vino y se fue muy rápido, la pieza faltante en
cada retrato de familia. ¿Cómo explicarles que pongo papel calca sobre las
fotos y te dibujo a mi lado? ¿Cómo les digo que vives en mí, que no te has ido?
Yo
te esperé primero y hoy te toca esperarme. Vivo incompleta, pero esperanzada,
porque la vida no es más que un paso en nuestro universo, ese que es tuyo y
mío, al que volveremos después de esta rápida parada.
Ellos
creen que perdieron un hijo, un nieto, un sobrino, un primo y tienen que
aprender a vivir con ello, porque no saben lo que nosotros sabemos, que en la
última estación del tren están los que se han ido primero, esperándonos y tú
entre ellos, esperándome.

1 comentarios
<3
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